martes, 9 de noviembre de 2010
Ya no recordaba que un día comencé este blog. Lo hice cuando estaba intentando aprender...y luego esto de la informática se me atragantó un poco. Igual trato de retomarlo en honor a todas las personas qeu me quieren y me han querido. Igual merece la pena dedicar un momento a aquello que quieres y además compartirlo....umh....no digo nada...
jueves, 29 de enero de 2009
Primera Entrada
Esta es la priemera entrada a mi blog para comprobar que no me he colao. El título hace honor a mi abuela, que era costurera, o modista como se dice ahora. Y os voy a contar la historia de dicha expresión
Cuando era yo pequeña y ella estaba cosiendo, le pedía que me diera tarea para hacer como ella hacía. Entonces me decía: "Anda y enhebra una aguja con algodón de sobrehilar". Yo, que no he tenido nunca mucho sentido de la medida, tiraba del ovillo hasta que extendía los dos brazos, cortaba la hebra con los dientes, chupaba en el extremo y, como mi abuela me había enseñabo, enrollaba el hilo mi dedo meñique para tensar y lo apoyaba en la otra mano que sujetaba la aguja, mientras, con el pulgar y el índice, hacía pasar el húmedo y tieso extremo por el ojo de la aguja. "Ya está", decía yo. Y mi abuela entonces, bajaba la cabeza para verme por encima de sus gafas de pasta alargadas y exclamaba: "Hala! La hebra de Marimoco...que cosió siete camisas y aún le sobró un poco"...
Ya os contaré más chascarrillos de los que decía mi abuela. A ver si los voy recordando poco a poco.
Cuando era yo pequeña y ella estaba cosiendo, le pedía que me diera tarea para hacer como ella hacía. Entonces me decía: "Anda y enhebra una aguja con algodón de sobrehilar". Yo, que no he tenido nunca mucho sentido de la medida, tiraba del ovillo hasta que extendía los dos brazos, cortaba la hebra con los dientes, chupaba en el extremo y, como mi abuela me había enseñabo, enrollaba el hilo mi dedo meñique para tensar y lo apoyaba en la otra mano que sujetaba la aguja, mientras, con el pulgar y el índice, hacía pasar el húmedo y tieso extremo por el ojo de la aguja. "Ya está", decía yo. Y mi abuela entonces, bajaba la cabeza para verme por encima de sus gafas de pasta alargadas y exclamaba: "Hala! La hebra de Marimoco...que cosió siete camisas y aún le sobró un poco"...
Ya os contaré más chascarrillos de los que decía mi abuela. A ver si los voy recordando poco a poco.
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